Associació de Radioaficionats del BarcelonèsEl Telegrafo Optico

Etimológicamente, telégrafo es un aparato para escribir a grandes distancias (en ocasiones, este artefacto es denominado también semáforo, del griego sema, signo o señal, y foro, llevar).

En esencia, un telégrafo óptico es un utensilio diseñado para ser visto a gran distancia configurando diversas señales por medio de un mecanismo operado por una o varias personas. Colocando varias torres en cadena podía hacerse que cada torre repitiese el mensaje de la anterior, propagándose así y recorriendo grandes distancias en un tiempo muy inferior al que requería un mensajero a caballo.

 

El telégrafo consiste en un aparato situado a distancia visual de otro aparato similar. El operador maneja unos controles que sitúan los elementos del telégrafo en una posición reconocible por la torre siguiente. Esta repite el mensaje, que es leído y reproducido por una tercera, y así sucesivamente. No obstante, las frecuencias vienen marcadas por el material que se emplea en su construcción

Funcionamiento

El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje.

La vida en la torre

Las condiciones de trabajo eran especialmente duras. La dotación de cada estación telegráfica se componía de tres o cuatro personas. Durante su jornada laboral, que se extendía de sol a sol, mientras hubiese luz suficiente para divisar una torre, los torreros debían mirar regularmente a las torres anterior y posterior de la línea para comprobar si alguna de ellas se encontraba en posición de atención. Los operadores desconocían la naturaleza del mensaje y simplemente se limitaban a reproducir el símbolo que veían en la torre anterior, para que fuese copiado por la posterior.

Además de la dureza de los factores antes mencionados, la vida de los operadores de cada estación era durísima. Al adusto clima peninsular había que añadir que las torres solían estar en lugares elevados, donde las condiciones se recrudecen. Esto se unía al hecho de que las deficiencias presupuestarias hacían que en demasiadas ocasiones muchas torres fuesen abastecidas por la buena voluntad de los habitantes de las localidades circundantes.

En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación. En el mensaje se enviaba el número de página del libro, y luego un código alfanumérico consistente en una de las palabras que aparecían en dicha página. Esto hacía que la transmisión fuese mucho más rápida, eficaz y segura que si se transmitiese letra a letra.

Problemas de operación

Uno de los mayores problemas que presentaba el telégrafo óptico era que el símbolo o señal producidos era plano, por lo que había de ser leído de frente. Un telégrafo visto desde un lateral no presentaba información alguna, como puede imaginarse. Esto obligaba a que los trazados fuesen casi rectilíneos y hacía que dar una curva fuese realmente complicado. De todos los sistemas existentes en Europa, los ideados por Betancourt y por Mathé fueron los que admitían mayor ángulo de visión (más de 45º), por lo que ambos sistemas fueron muy elogiados en círculos científicos del continente.

Pero el que quizá era el mayor inconveniente de este sistema de comunicación era el derivado de las lógicas inconveniencias de su medio. De noche era poco fiable y aunque se hicieron experimentos fijando faroles a los telégrafos, lo cierto es que ninguno de los prototipos superó la prueba con resultados satisfactorios en ningún país de Europa. Por otro lado, con lluvia intensa, niebla, nieve o calima se hacían prácticamente invisibles las estaciones contiguas, por lo que la transmisión había de ser interrumpida.

 

Historia

Es bien cierto que desde los inicios de la Historia, el ser humano se ha servido de medios ópticos para transmitir mensajes a gran velocidad. Ya en "La Orestíada", Esquilo narra cómo Agamenón envía noticias a los palacios del Átrida mediante hogueras durante la Guerra de Troya. A finales del siglo XIV, Pedro IV de Aragón usa un sistema de ahumadas para comunicar movimientos de flotas o ejércitos enemigos a sus propias tropas, y Enrique III de Castilla envía un mensaje desde Toro a Segovia para anunciar el nacimiento de su heredero. Además, son de sobra conocidos los sistemas de señales de humo utilizados por algunas tribus de amerindios. No obstante, estos sistemas de comunicación visual no pueden considerarse técnicamente como telegrafía óptica por no conformar un sistema unificado con unas reglas homogéneas y regularizadas. Esto sí comienza a ser una realidad a finales del siglo XVII

Inicios

Ya en 1684 Robert Hooke presenta ante la Royal Society un sistema de telegrafía que no tiene demasiada acogida.

Durante el siglo XVIII sobreviene una serie de avances sociales, políticos, científicos y tecnológicos que confluirán en las condiciones idóneas para el desarrollo de la telegrafía.

En concreto, la mejora de las ópticas permitió construir utensilios para mejorar la visión a grandes distancias, lo que permitía alargar los espacios entre cada estación telegráfica y la siguiente, lo que hacía más económico el tendido de las redes. Las nuevas lentes acromáticas (que no presentaban aberración cromática) alcanzaban una precisión mucho mayor y su técnica de construcción permitía hacerlas mayores y con más potencia de aumento.

Además, durante la citada centuria se establece el pensamiento ilustrado en toda Europa, que hace que desde las cúpulas de poder se impulse de manera decisiva todo avance científico-tecnológico.

Así, Francia es el primero de los reinos europeos que se interesa seriamente por la telegrafía. El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe y con la colaboración de su hermano Ignace Chappe para la primera red de telegrafía.

En 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres. El éxito de esta primera prueba es el espaldarazo definitivo a la telegrafía que en Francia llegará a tener en toda su red, una extensión de casi 5.000 kilómetros.

Antes incluso del éxito de Chappe, los informes de este avance tecnológico son difundidos por los servicios de información y espionaje y numerosos países europeos se apremian a construir sus redes telegráficas. El segundo en hacerlo es Suecia, casi a la par que Hungría. España, el Reino Unido y Alemania tampoco tardan en dotarse de este sistema de comunicación. En Estados Unidos se comienza a principios del siglo XIX una red de telegrafía en la costa Este, aunque no llegará a tener relevancia ya que nunca llegará a abarcar una parte apreciable de su territorio.

La telegrafía óptica en España

A España llegan las primeras noticias a cargo de La Gaceta de Madrid, que en su número del 14 de octubre de 1794 publica los resultados de las pruebas de Chappe. Igualmente, el 4 de noviembre se da cuenta de las pruebas realizadas por el equipo del profesor del Real Observatorio de Madrid, don Salvador Ximénez Colorado en las que se corroboraron los excelentes resultados obtenidos con lentes acromáticas.

En 1799 se presentan ante Carlos IV varias propuestas de modelos de telégrafo. De todas ellas, cabe destacar la de Josef Fornell, consistente en 11 bolas de día o faroles de noche que conformarían los diferentes símbolos. Se encomendó el estudio detallado de esta propuesta a Agustín de Betancourt y Molina, que la desestimó por considerarla demasiado compleja y propensa a fallos mecánicos. Poco después, el propio Agustín de Betancourt, que gracias a sus viajes de estudios conocía los sistemas francés (Chappe) y británico (Murray), y sus defectos y carencias, diseñaría un sistema que superaba al sistema de Claude Chappe en velocidad, seguridad, fiabilidad y facilidad de lectura y manejo. Merece la pena reseñar que este sistema fue presentado ante la Academia de Ciencias del Instituto de Francia, la cual, reunida en comisión, estudió el modelo de Betancourt y emitió un juicio muy favorable, si bien se encontró con la (¿lógica?) oposición del Director de Telégrafos francés, el propio Chappe.

El proyecto de Betancourt. El germen

De vuelta en España, en 1798 Betancourt obtiene de Carlos IV una Real Orden (RO de 17 de febrero de 1799) por la cual se aprobaba el proyecto de instalación de la telegrafía en España.

La primera línea proyectada es Madrid-Cádiz, consistente en unas 60 ó 70 estaciones, dotada con un millón y medio de reales y dirigida directamente por el propio Betancourt. No obstante, de toda esta línea sólo se construye el tramo Madrid-Aranjuez, el cual comienza a ser operativo a partir de agosto de 1800. En cualquier caso, la crisis económica que atraviesa España impide que se llegue a completar el sueño de Betancourt.

El telégrafo militar de Cádiz

Sin embargo estas experiencias han sentado un precedente. En 1805 comienza a funcionar una red telegráfica militar, concebida por el Teniente Coronel de Ingenieros Francisco Hurtado, consistente en cuatro líneas que unían Cádiz con sendas ciudades, a saber: Sanlúcar de Barrameda, Medina Sidonia, Chiclana de la Frontera y Jerez de la Frontera, con un tramo desde esta última localidad hasta Sevilla que funcionó temporalmente. Esta red en su totalidad o en parte, estuvo en funcionamiento hasta 1820. Se acaba de restaurar en Cádiz el Telégrafo Principal que controlaba las cuatro líneas y que fue la única torre que funcionó desde 1805 hasta su desaparición en 1820.

La red a los Reales Sitios

En febrero de 1831, el oficial de la Marina Juan José Lerena y Barry, tras una presentación de su proyecto ante la corte, recibe el encargo de construir una red telegráfica entre Madrid y los Reales Sitios (RO de 8 de febrero de 1831. Tres meses después concluye la construcción de las 4 estaciones (Torre de los Lujanes, cerro de Los Ángeles, ambas en Madrid, cerro de Espartinas en Valdemoro, y "Monte Parnaso" ya en Aranjuez) de la línea Madrid-Aranjuez, muy probablemente basada en la preexistente de Betancourt.

El 24 de julio de 1832 entra en funcionamiento la línea Madrid-San Ildefonso, con estaciones intermedias en el Puerto de Navacerrada y Hoyo de Manzanares.

En marzo de 1834 comienza a funcionar la línea Madrid-Carabanchel Alto, en julio de 1834 San Ildefonso-Riofrío, y el 28 de agosto de 1834 comienza la construcción de la línea Madrid-El Pardo. Esta red es de uso privado de la Familia Real, que la emplea para mantenerse al tanto de las noticias que llegan a Madrid cuando está en alguna de sus residencias del extrarradio.

 

La red telegráfica catalana

Debido al especial cariz que tomó la cuestión carlista en Cataluña a mediados del siglo XIX, se construyó allí una densa red telegráfica que permitiese la rápida comunicación de noticias y estados para combatir la pertinaz guerra de guerrillas que el ejército del pretendiente carlista realizaba desde el pirineo hacia todo el territorio catalán. La red catalana de esta época dista mucho de ser homogénea. De hecho parte de la red utiliza el sistema de Mathé, y otros tramos emplean otros sistemas propios.

Lo que hace de esta red de telegrafía más especial es que continuó ampliándose y en funcionamiento incluso en la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) dado que en aquellos momentos grandes áreas de Cataluña aún no disponían de tendidos electro telegráficos, llegando a construirse más de 150 estaciones telegráficas. Este gran número está justificado por la especial orografía de la región.

El ocaso de la telegrafía óptica

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde hacía 4 años, dándose en algunos casos la coincidencia de las instalaciones del telégrafo óptico con la del telégrafo eléctrico en 1853. La dura orografía de la Península Ibérica fue, una vez más, un obstáculo cuasi insalvable (como había de ocurrir más adelante con el tendido del ferrocarril) para este avance en las comunicaciones.

En una fecha tan temprana como 1854 quedaba completada la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún. Un año después, en 1855 dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica, y en 1857 se desmantelaba la última en servicio de la red nacional, la línea Madrid-Cádiz. Las últimas estaciones telegráficas que dejaron de funcionar, probablemente fueron parte de la red catalana de telegrafía, a finales del siglo XIX, como se ha mencionado anteriormente.

 

Torre de telegrafía Óptica

de Moralzarzal

Torre de telegrafía Óptica

de Adanero

Torre de telegrafía Óptica

De Arganda del Rey

Torre de telegrafía

 Óptica

De Arevalo

ARB

Saludo del Presidente

Estatutos

Actividades

Cabalgata de Reyes

Carnaval

Bases de Concursos

Solicitud de ingreso

Datos  Interés ARB

Voluntario sin cuota

Normativa

Exámenes de radioaficionado

Prueba 1ª

Prueba 2ª

Resultados últimos exámenes

Código Q

Obtención Diploma

Legislación vigente

Documentación Telecomunicaciones

Direcc. Telecomunicaciones

Trámites

Convocatoria  y precio Exámenes de Radioaficionado

Solicitud transformación

licencia

Solicitud  indicativo Temporal

Impreso Memoria Técnica

Reglamentación

CNAF

Reglamento de Antenas

Ley de Antenas

Plan de bandas HF

Plan de bandas V-UHF

Listado de repetidores

Mapa de repetidores  VHF/UHF

Mapa de Distritos EA

Radio afición

Software radioaficionado

E.Ham.Net

QRZ.com

Qsl.net

E.QSL

Logbook

Otros

Web Cam Barcelona

Satélites

Hora mundial  

Instituto Nacional de

 Metereologia

Servei Catalá de

Transit          

Ubicación radares

La Nasa en español

Empresas del sector

Otras asociaciones